
Heme aquí, simple servidor vuestro, triste y solitario, con herida fatal en mi persona, no de aquellas que se curan con sencillez, es una herida del corazón. Y es que e sido cautivado por la belleza de una doncella que habita en las praderas, como ella ninguna, los grandes religiosos la catalogan como santa, la enviada de Dios, los mortales como una Diosa misma y yo como la belleza viva.
Y es por eso que ahora me encuentro bajo su ventana en búsqueda de una respuesta: “Bella dama, os cuestiono y os ruego respuesta en mi búsqueda de cura para vuestro fiel servidor, os ruego que de forma para demostrarle mi amor puro y sincero.
Necesito me diga usted que hacer ¿Es qué debo matar los 1000 dragones? ¿Debo subir los montes más altos y clamar vuestro nombre infinita veces? O ¿Debo ir a la mayor y más cruel de las guerras y llegar ante usted con la victoria?, ¡decidme!, ¡decidme!, os lo ruego, no sé que más hacer, cada momento que le veo, cada instante que no estoy a vuestro lado me marchito.
…
Comprendo…eso me temía... Entiendo que no me corresponde y ahora nada tiene sentido para mi persona. Y no tengo otra opción más que idme, buscar nuevos senderos para odvidarle y no morir lentamente.
Pero recuérdeme bella dama, solo os pido eso y quiero que sepa usted que en esta vida de mentiras, engaños y demás infortunios, existió una personas, un hombre y uno de verdad que le quiso y ante usted se corazón puso.